La figura de la coordinación en actividades de autoformación

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Cualquier actividad formativa tiene como eje vertebrador la necesidad y el deseo de mejora de un centro educativo. En el caso de autoformación, esta actividad se lleva a cabo de manera semiautónoma en el propio centro con la colaboración del CEP. El profesorado interesado se organiza en torno a esta temática para abordarla e intentar avanzar hacia una meta establecida que tendrá como último objetivo el de la mejora de los resultados de aprendizaje del alumnado. Este trabajo estará dirigido y coordinado por una persona que, en colaboración con su CEP de referencia, pondrá en marcha la actividad formativa, dinamizará sus actuaciones y evaluará sus resultados.

Aparte de las especificaciones que aparecen cada curso escolar en la normativa aplicable a las autoformaciones y que recogen las actuaciones que dicha coordinación debe llevar a cabo, es necesario también reflexionar sobre las características que el perfil de esta persona idealmente debería reunir: debería ser una persona que conozca las necesidades reales del centro, que sepa planificar y evaluar un proyecto, que pueda estructurar el trabajo cooperativo de un grupo de profesionales, y que cuente con cualidades de liderazgo no sólo pedagógico, sino también personal y emocional. A todo esto se añade la capacidad de crítica objetiva y de autoevaluación.

¿Por qué conocer las necesidades reales del centro? Si un coordinador o coordinadora es consciente de las necesidades de su centro, podrá fácilmente seleccionar una temática que incida en la consecución de dichas necesidades. Probablemente tendrá criterios para seleccionar aquella necesidad que es sentida por la mayoría del claustro o bien responda a un aspecto clave que repercutirá de manera concreta en la mejora del centro. En el primer caso, si la mayoría del claustro siente que deben formarse sobre la temática seleccionada, conseguirá que su centro se involucre en un proceso común de formación que indudablemente repercutirá en la mejora del centro. En el segundo caso, aunque la necesidad no sea sentida por la mayoría del claustro, pero sí por un mínimo de tres profesores, se podrá desarrollar un trabajo que contribuya a la mejora de un aspecto específico dentro del Proyecto Educativo del centro.

¿Por qué hay que saber planificar y evaluar un proyecto? Si el objetivo de un grupo de personas organizadas en torno a una temática es obtener unos resultados concretos, es necesario saber planificar un proyecto con objetivos alcanzables. Es necesario conocer cómo diseñar una estrategia muy concreta y vinculando cada objetivo con unas actuaciones específicas que lo desarrollen. Estas actuaciones deben tener unos responsables y una temporalización, y además es necesario definir alguna manera de comprobar que se han llevado a cabo. El coordinador o coordinadora también deberá establecer una manera sencilla de comprobar que la realización de estas actuaciones conduce finalmente a la consecución de los objetivos establecidos y para ello deberá haber concretado unos indicadores de logro, unas estrategias y unos instrumentos de evaluación que permitan esta comprobación. Todo ello no es tarea fácil si no se dispone de conocimientos sobre planificación y evaluación de proyectos, ya que esto sentará las bases para el desarrollo del trabajo.

¿Por qué estructurar el trabajo cooperativo de un grupo de profesionales? Porque la modalidad de autoformación se basa en la cooperación entre varias personas con un proyecto común. No puede haber agentes y espectadores, ni personas que se involucren más y otras menos, sino que todos deben ser agentes activos desde el comienzo del proyecto en su diseño y su concreción de objetivos comunes hasta el proceso de desarrollo de la actividad y de su evaluación. Será labor de la coordinación establecer este modo de cooperación en la cual el trabajo de unos repercutirá en las responsabilidades de otros y todo en su conjunto en la consecución de los objetivos comunes que se establezcan.

¿Por qué son necesarias las cualidades de liderazgo pedagógico, personal y emocional? Está claro que si un grupo de personas quieren autoformarse sobre un tema, la persona coordinadora debe tener cierto conocimiento técnico sobre este tema y ser ejemplo de su ejecución. No es necesario ser un experto, pero sí tener el conocimiento necesario para poder estructurar un proyecto y guiar al resto de los miembros. En este sentido de guía, serán necesarias otras cualidades mucho más subjetivas y que están relacionadas con el liderazgo emocional, como la capacidad para formar un grupo cohesionado y conseguir que todos hagan suyos los objetivos propuestos y que se involucren en su consecución a través de compromisos de actuación. Será necesario también comprender las circunstancias que puedan dificultar el trabajo, saber guiar posibles variaciones y, en definitiva, conseguir un buen clima de trabajo en el que nadie se desvincule.

¿Por qué es necesaria la capacidad de crítica objetiva y de autoevaluación? Porque la mera existencia de la autoformación no es garantía de éxito. No todas las actividades de autoformación se desarrollan de manera positiva según lo previsto, sino que un alto porcentaje de ellas se deben reconducir o modificar a lo largo del proceso o incluso suspender. Para evitar que las actividades sean suspendidas, las coordinaciones deberán ser los motores de una modificación de sus objetivos y sus actuaciones, y ello es el fruto de un proceso de autoevaluación continuada a lo largo del desarrollo del proyecto. Este proceso de autoevaluación debe basarse en datos objetivos y ser desarrollado desde un punto de vista crítico para así poder reconducir todo el proceso hacia una meta alcanzable que siga respondiendo a las necesidades del centro.

De todo lo anterior podemos concluir que la función de la coordinación es algo imprescindible no sólo para el buen desarrollo de las actividades de autoformación, sino que también en una fase previa de planificación y diseño que sentará las bases de la misma. No podemos olvidar tampoco su papel de guía en la autoevaluación a lo largo del proceso que permitirá la reconducción, si es necesario, del proyecto y en la evaluación final y valoración de los resultados de todo el proceso en su conjunto. Si nos vamos a una dimensión mayor, sus funciones no solamente se reducen al desarrollo del proyecto, sino que ellos y ellas se convierten en muchas ocasiones un eje sobre el que gira el trabajo y el buen funcionamiento de los centros educativos.

Elena Tapia Carrillo

Asesora de Educación Permanente

  • Imagen de cabecera de OpenClipartVectors (disponible en: https://pixabay.com/es/engranajes-blanco-m%C3%A1quina-pi%C3%B1ones-153639/).

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