Metodologías activas en el aula. Se aprende haciendo

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La transición de un modelo educativo centrado en la enseñanza, donde solamente se transmiten y reproducen conocimientos, hasta un modelo educativo centrado en el aprendizaje, en el que se construya el conocimiento, tiene que partir de una nueva concepción del proceso de enseñanza-aprendizaje más acorde con la sociedad actual. Para que se produzca dicho cambio en necesario una renovación metodológica profunda, que puede llegar de la mano de las metodologías activas, que en algunos casos también son las metodologías más innovadoras.

Las metodologías activas son aquellas que centran el proceso de enseñanza en el estudiante y no en el docente, donde se concibe el aprendizaje como un proceso constructivo por parte del alumnado, en el que deja de ser únicamente un receptor y acumulador de conceptos. Para ello los estudiantes han de construir sus conocimientos a partir de aprendizajes autodirigidos que tengan lugar en el contexto de los problemas de su mundo real. Es decir, los estudiantes se convierten en agentes activos en el aula, donde pasan a ser el centro de todo el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Este tipo de metodologías pone el acento en la contextualización del proceso de enseñanza, lo que potencia la motivación del alumnado al promover una actitud positiva de los estudiantes hacia el aprendizaje, que se ve favorecido por la experimentación, la funcionalidad y relevancia de los aprendizajes y el descubrimiento de nuevos conocimientos a través de la solución de problemas más o menos complejos. Todo ello hace que los estudiantes adquieran aprendizajes más transferibles al mundo real y sostenibles en el tiempo.

Al mismo tiempo estas metodologías pretenden centrar los resultados del aprendizaje en la adquisición de competencias, tanto genéricas como específicas para cada una de las áreas o materias, donde adquiere una relevancia especial la competencia de aprender a aprender y por tanto, el aprendizaje a lo largo de toda la vida.

Pero las metodologías activas, también potencian el trabajo por competencias, ya que dichas metodologías también promueven la creatividad, la reflexión y el pensamiento crítico del alumnado, la puesta en marcha de procesos cognitivos variados, la variedad y alternancia de diferentes tipos de actividades, tareas y contextos de aprendizaje, la potenciación de una metodología investigativa mediante la resolución de problemas, el fomento de la lectura y el tratamiento de la información, la comunicación a través del enriquecimiento de los agrupamientos en el aula, al promover un trabajo colaborativo que favorece un clima escolar de aceptación mutua y cooperación entre iguales donde exista una plena inclusión. En resumidas cuentas, como han denominado algunos autores, favorecen los aprendizajes necesarios para alcanzar el éxito en el siglo XXI.

No cabe duda alguna, de que para que este tipo de metodologías tenga éxito es necesario un nuevo planteamiento del proceso evaluador. Evaluación que ha de estar plenamente insertada en el proceso de forma continuada y criterial. Para ello, la “evaluación del aprendizaje”, como elemento certificador de las competencias adquiridas, se ha de complementar con una “evaluación para el aprendizaje”, donde se preste una mayor atención al origen y las causas que dificultan el proceso de enseñanza-aprendizaje. En este segundo componente de la evaluación es necesario que el alumnado participe de forma activa y adquiera conciencia de la importancia formadora de dicho proceso.

El papel del profesorado en la implementación de estas metodologías es fundamentalmente la de acompañar, guiar y apoyar al alumnado, mientras va adquiriendo autonomía e independencia en todo el proceso. En este nuevo escenario toma una relevancia especial el equipo docente, como unidad de coordinación metodológica y didáctica.

Se puede concluir diciendo que las metodologías activas ofrecen una alternativa atractiva a la educación tradicional, al hacer más énfasis en lo que aprende el estudiante que en lo que enseña el docente, y esto da lugar a una mayor comprensión, motivación y participación del estudiante en el proceso de aprendizaje.

Para saber más:

Carbonell Sebarroja, Jaume. Pedagogías del Siglo XXI. Alternativas para la innovación educativa. Octaedro Editorial (Col. Recursos educativos), Barcelona, 2014, 293 pp.

Equipo Técnico Provincial para la Orientación Educativa y Profesional de Granada. HACER POSIBLE LO CONTRARIO. Enseñar y aprender de otra manera. Delegación Territorial de Educación, Cultura y Deporte de Granada. 2015

Fernández March, Amparo. Metodologías activas para la formación de competencias. Educatio siglo XXI, 24 · 2006, pp. 35 – 56

 

José Barea Arco

Asesor de Secundaria

 

 

 

 

 

 

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